Cuando un niño juega, su cerebro está trabajando
La ciencia lleva años demostrando que el juego es una de las principales formas de aprendizaje durante la infancia.
Cuando un niño juega no solo se divierte. También observa, experimenta, toma decisiones, resuelve problemas, imagina, comunica, regula sus emociones y comprende mejor el mundo que le rodea.
En otras palabras, mientras juega, su cerebro está construyendo las bases sobre las que se apoyarán futuros aprendizajes académicos, sociales y emocionales.
Por eso, jugar nunca debería entenderse como una pérdida de tiempo. Es, probablemente, una de las actividades más importantes del desarrollo infantil.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando jugamos?
Cada experiencia de juego activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo.
Mientras construyen una torre, inventan una historia o exploran diferentes materiales, los niños ponen en marcha procesos como la atención, la memoria, la planificación, la creatividad, la resolución de problemas, la coordinación motora, el lenguaje, la regulación emocional.
Todo ello favorece la creación de nuevas conexiones neuronales gracias a la neuroplasticidad cerebral, esa extraordinaria capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse continuamente a partir de las experiencias.
Cuanto más variadas y significativas sean esas experiencias, mayor riqueza tendrán esas conexiones.
El juego desarrolla mucho más que habilidades cognitivas
Aunque solemos asociar el juego con el aprendizaje de conceptos, su impacto va mucho más allá.
Aprender a comunicarse. Cuando juegan juntos, los niños negocian, hacen preguntas, expresan deseos, explican reglas, resuelven pequeños conflictos y comparten emociones.
Cada una de estas situaciones constituye una oportunidad para desarrollar el lenguaje y la comunicación.
En el caso de niños y niñas que utilizan Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC), como Eneso Verbo, el juego representa uno de los contextos más naturales para favorecer la comunicación espontánea, ya que existen múltiples motivos reales para pedir, comentar, elegir o iniciar una conversación.
Aprender a relacionarse. Esperar el turno, aceptar perder, cooperar, compartir materiales o ponerse en el lugar del otro.
Todas estas habilidades sociales se entrenan jugando mucho antes de aparecer en cualquier libro de texto.
Aprender a gestionar las emociones. No siempre se gana, no siempre las construcciones salen como esperamos, a veces una torre se cae o un compañero cambia las reglas.
El juego permite vivir pequeñas frustraciones en un entorno seguro, ayudando a desarrollar estrategias de autorregulación emocional que serán muy útiles a lo largo de toda la vida.
El juego también entra por los sentidos
Cuando pensamos en jugar solemos imaginar juguetes. Sin embargo, uno de los grandes motores del desarrollo infantil es la exploración sensorial: tocar arena, manipular plastilina, escuchar diferentes sonidos, caminar descalzos o experimentar con luces, colores o texturas.
Todo ello proporciona información muy valiosa al sistema nervioso y favorece el procesamiento sensorial.
A través de estas experiencias, los niños conocen mejor su cuerpo, comprenden cómo funciona el entorno y desarrollan habilidades relacionadas con el equilibrio, la coordinación, la atención o la planificación motora.
Cuando el juego se convierte en una herramienta terapéutica
En algunos niños, especialmente aquellos con alteraciones en el procesamiento sensorial o con necesidades específicas de apoyo, estas experiencias deben presentarse de forma estructurada y adaptada a sus necesidades.
Es aquí donde las salas de estimulación multisensorial Eneso Sense adquieren un papel especialmente relevante.
Lejos de ser simplemente espacios llamativos llenos de luces, las salas multisensoriales son entornos cuidadosamente diseñados para favorecer la exploración, la regulación y el aprendizaje a través de los sentidos.
En ellas, cada estímulo tiene una finalidad concreta y puede adaptarse a los objetivos terapéuticos de cada persona.
Por ejemplo, una sesión puede orientarse a:
- Favorecer la atención conjunta.
- Mejorar la regulación emocional.
- Estimular la comunicación.
- Promover la exploración activa del entorno.
- Desarrollar habilidades cognitivas.
- Favorecer el desarrollo integral.
Lo más importante es que todo ello se realiza mediante actividades motivadoras, donde el juego sigue siendo el principal vehículo de aprendizaje.
No todos los juegos enseñan lo mismo
Una de las mayores riquezas del juego es que existen múltiples formas de aprender.
TIPO DE JUEGO | BENEFICIOS |
Simbólico | Favorece la imaginación, el lenguaje, la comprensión social y la planificación.
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Motor | Estimula el equilibrio, la coordinación, el esquema corporal y la propiocepción.
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Sensorial | Desarrolla la exploración el procesamiento sensorial, la atención y la regulación.
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Cooperativo | Potencia la habilidades sociales, la comunicación, la empatía, el respeto, y la resolución de conflictos.
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Por eso resulta tan importante ofrecer oportunidades variadas de juego, adaptadas a la edad, los intereses y las necesidades de cada niño.
¿Y si simplemente les dejamos jugar?
En una sociedad donde las agendas infantiles están cada vez más llenas de actividades, a veces olvidamos que los niños y niñas también necesitan tiempo para jugar libremente.
Ese juego sin objetivos marcados, sin instrucciones constantes y sin resultados esperados es el que favorece la creatividad, la iniciativa y la capacidad para resolver problemas de forma autónoma.
No hace falta organizar grandes actividades. Una caja de cartón, arena, agua, piedras, luces, música, materiales cotidianos. Todo puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje cuando existe curiosidad por explorar.
Jugar hoy es aprender para mañana
Cada construcción, cada historia inventada, cada textura descubierta o cada conversación durante un juego deja una huella en el cerebro.
Por eso, el juego no debería verse como un descanso del aprendizaje, sino como una de sus formas más completas.
Cuando además se desarrolla en entornos adaptados a las necesidades de cada persona, como las salas de estimulación multisensorial Eneso Sense, estas experiencias pueden potenciar aún más el desarrollo cognitivo, sensorial, emocional y comunicativo.
Porque jugar no significa dejar de aprender. Significa aprender de la forma más natural que existe.